Sólo participamos Meritxell y yo (María), que empezamos contándonos la una a la otra que estábamos cansadísimas ya antes de dar un paso. Mala táctica! Y para empeorar los hechos, Meritxell acababa de comer. Entrenamos en Sognsvann.
Nos pusimos a correr a bastante velocidad, y mientras charlábamos a grito pelado (por lo que sea, cuanto más deprisa se corre más se chilla al hablar), nos dimos una vuelta a 9,6 km/h. Y no nos dio la gana de correr más. Pero nos dimos una vuelta más andando a buen paso, aunque en cierto momento nos despistamos y el reloj de Meritxell registró un pulso bajísimo. En fin un poco vergonzoso.
Meritxell ha calificado este entrenamiento de desastroso en un mail. Sin embargo las dos estuvimos de acuerdo en que al fin y al cabo, en vez de tumbarnos en el sofá, habíamos pasado un rato muy agradable corriendo y paseando por el bosque, con el aliciente extra de que hacía un tiempo estupendo.
Yo creo que lo que le frustró a Meritxell es que se encontró a un amigo mientras caminábamos. Para qué ocultarlo: hubiera quedado mucho mejor que el amigo la hubiese visto corriendo a todo trapo.
9,6km/h ! qué envidia me dais morroskas!
ResponderEliminar